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El primer paso

Empezar… Todo se resume en eso. Antes de un intento siempre existe un principio. La génesis. Una chispa que enciende unas ganas. Comenzar; el paso imprescindible para realizar todo lo demás. Comenzar puede ocurrir en cualquier momento: al levantarte una mañana prometiéndote que “hoy es el día”, o dándote la sorpresa a la hora de elegir el menú; o el próximo martes; o incluso después de poner un punto y final.  

Comenzar es maravilloso. Trae consigo una energía a nuevo llena de fuerza, capaz de comerse el mundo de un bocado. En ese momento, la mente encuentra el camino y es capaz de ver el resultado casi material del deseo. Ese es el impulso.   

Toma aire.  

No dejes que todo se quede en eso. ¿Qué ocurre con las ideas que cobran forma dentro de las paredes del cómodo cerebro y se afincan ahí sin intención de hacer las maletas para convertirse en parte de lo concreto?

¿Son ellas –embriones de un proyecto-, un comienzo en sí mismas, o el verdadero principio ocurre cuando nacen a la vida? Ayúdalas a salir, concédeles el parto, haz que vuelen en libertad fuera de ese sofá con vistas que has instalado en tu interior. Permíteles abrir sus alas y formar parte de un mundo que no será el mismo sin ellas. Porque, aunque sean pequeñas, carezcan de fuerza, o incluso no salgan como esperabas, quizás sean la chispa, la inspiración, el aprendizaje o el comienzo de otra buena idea. Quizás cambian el minuto de otra persona, o incluso su destino. 

En realidad, el comienzo puede que existiese hace ya mucho.

Desde tiempos remotos la humanidad se pregunta qué fue lo primero: dónde está el origen. Y tal vez no importa, porque en ese debate entre el huevo y la gallina, de esa sopa oceánica de la que brota toda la materia, has surgido tú y de ti ESA IDEA que rebota hoy dentro de tu cabecita. Ella, LA IDEA, te pide que le dediques tiempo. Tal vez, tiempo para descartarla definitivamente, tal vez tiempo para que exista de una vez por todas. Al final, pese a que el proceso creativo necesita obligatoriamente de un trabajo interior, un reposo y una calma, para convertirlo en realidad es imprescindible una implicación más allá del mero pensamiento. 

El primer paso. Aislado, no tiene ningún valor; pero para conseguir un logro, es imprescindible.

La frontera entre la nada y el todo pasa a través del cuerpo; por un canal inevitablemente físico: unas manos que escriben un texto, unos dedos sobre un lienzo en blanco, una nota musical que sale de una garganta… El movimiento ha de ser tangible y pasar a la acción para hacer realidad eso que tu mente está esbozando.

En La Cueva de Nácar trabajamos con las personas que quieren dar esos pasos creativos hacia la materialización de un proyecto.

Nosotros ya hemos empezado a caminar y sabemos que hay un hermoso sendero que recorrer. ¿Te animas tú a dar tu pequeño gran paso?

 

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